Tradiciones Moriscas

AMÉRICA MORISCA / EXPEDIENTE ANDINO

Pedro Bohórquez, el Inca Hualpa

Una trayectoria entre la memoria morisca y la resistencia andina

Un viajero del siglo XVII lo llamó «moro». Conocido también como Pedro Chamijo, atravesó el mundo colonial, vivió entre comunidades indígenas y acabó enfrentado al poder que había negociado con él. Su historia abre una pregunta que cruza el Atlántico: ¿qué ocurrió con quienes dejaron de aparecer como moriscos, pero siguieron viviendo, formando familias y buscando un lugar en América?

Pedro Chamijo · Pedro de Bohórquez · Inca Hualpa / Huallpa
Andalucía · Perú · Chile · Valles Calchaquíes · Lima

CRONOLOGÍA COMENTADA

Del viaje al conflicto colonial

Cada fecha enlaza con el apartado que desarrolla el episodio y sus fuentes.

  1. c. 1602

    Una infancia peninsular discutida

    Arahal es la localización habitual; otras fuentes ofrecen filiaciones diferentes.

  2. c. 1620

    Llegada al Perú

    Asentamiento, matrimonio y convivencia en entornos andinos.

  3. Décadas de 1630–1650

    La búsqueda del Paytiti

    Expediciones y promesas de un reino rico y de continuidad inca.

  4. 1655

    Valdivia y los cañones de madera

    Una técnica militar que después llevaría a los valles calchaquíes.

  5. Agosto de 1657

    Los acuerdos de Pomán

    Cargos coloniales y reconocimiento del uso del título de Inca.

  6. 1658–1659

    Ruptura y entrega

    La guerra deshace la alianza; Bohórquez se entrega y termina en Lima.

  7. 1659–1666

    Desnaturalizaciones

    Campañas de deportación y reparto de población indígena.

  8. 3 de enero de 1667

    Ejecución en Lima

    El final de su vida no pone fin a las consecuencias de la guerra.

01 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

La expulsión no fue el final de todas las familias

Una historia que termina con la expulsión de 1609–1614 deja fuera a quienes permanecieron, regresaron o construyeron su vida al otro lado del océano. Enrique Soria Mesa ha reconstruido la presencia de millares de descendientes de musulmanes en el reino de Granada después de los decretos: familias que ocultaron su procedencia, conservaron relaciones de parentesco y participaron en la sociedad de los siglos XVII y XVIII. Algunas se integraron en las élites; otras mantuvieron prácticas islámicas perseguidas. [1]

En América, Karoline P. Cook estudia cerca de cien casos ante tribunales civiles, eclesiásticos e inquisitoriales. Muestran que las restricciones de paso coexistieron con viajes, asentamientos y vidas moriscas. La ley describía a quién quería excluir; el expediente revela a quién no había conseguido mantener fuera. [2]

La lectura conjunta permite cuestionar una desaparición total sin inventar una emigración uniforme. Hubo llegadas anteriores a la expulsión general y movimientos posteriores; rutas voluntarias y traslados forzosos; personas que ocultaban su ascendencia y otras cuya condición era conocida. Bohórquez pertenece a esta investigación sobre las identidades que cruzaron el Atlántico, aunque su itinerario individual no representa el de todos los moriscos.

02 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

Quién lo llamó morisco y de dónde procede esa atribución

La pista tiene un autor concreto: Acarete du Biscay, viajero del siglo XVII. En su Relación de un viaje al Río de la Plata, la traducción publicada por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes lo presenta así: Don Pedro Bohoriers, moro, nativo de Extremadura. La variante del apellido remite al protagonista de las alianzas y guerras calchaquíes. [3]

Ana María Lorandi recoge esa noticia al estudiar sus orígenes y considera atendible la hipótesis morisca. Señala, a la vez, que los procesos consultados y los relatos jesuitas no desarrollan una acusación contra su ascendencia cristiana. La atribución procede de un testimonio histórico, pero no de una genealogía familiar reconstruida. [4]

Acarete sitúa su nacimiento en Extremadura, mientras otras reconstrucciones lo vinculan con Andalucía. Su relato también contiene problemas de cronología. Conservar su afirmación y contrastar esos desajustes es más esclarecedor que borrar la palabra «moro» o convertirla en una certeza sobre toda su vida. El testimonio habla de un origen atribuido; por sí solo no describe una práctica secreta del islam.

03 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

Chamijo, Bohórquez, Hualpa: nombres para moverse entre mundos

La biografía convencional sitúa a Pedro Chamijo en Arahal, Sevilla, hacia 1602. Otra filiación, presentada por el propio personaje en una probanza de 1663, lo relacionaba con una familia granadina. La síntesis de Marta Burdons Martínez explica que la versión de Chamijo incluye la adopción del apellido de un clérigo, Alonso Bohórquez, mediante un parentesco supuesto. [5]

Los nombres no son un detalle decorativo: podían abrir acceso al honor, a una relación de protección o a una autoridad distinta. Chamijo remite a su biografía peninsular; Bohórquez, a una identidad con pretensiones sociales; Inca Hualpa o Huallpa, a su presentación como heredero de una soberanía andina. Esta sucesión permite examinar cómo se construía una posición dentro de un mundo obsesionado con el origen.

Un cambio de apellido no demuestra por sí mismo clandestinidad religiosa. Su interés aquí reside en otra cosa: muestra por qué una búsqueda limitada a etiquetas estables puede perder de vista a una misma persona. Investigar una trayectoria exige cruzar lugares, vínculos, documentos y variantes del nombre.

04 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

El Perú cotidiano: convivencia y parentesco antes que realeza

Las reconstrucciones sitúan su llegada al Perú alrededor de 1620. Su matrimonio con Ana de Bonilla, de ascendencia indígena por vía materna, lo relacionó con la sociedad rural de Castrovirreina. Esa convivencia forma parte de su aprendizaje de las lenguas y códigos andinos. [5]

Conviene detenerse en ese ámbito doméstico. Antes del título de inca aparecen una pareja, una familia, trabajo y relaciones locales. La pertenencia americana se producía también allí: en la casa y en las obligaciones compartidas. Reducir su vida a una impostura borra el proceso por el cual un recién llegado podía incorporarse a entornos distintos del círculo de funcionarios y conquistadores.

Este es el vínculo con la presencia morisca que interesa a esta sección: la emigración no termina al desembarcar. Continúa en las alianzas familiares y en las generaciones nacidas después. Es una perspectiva de lectura del caso, sin atribuir automáticamente una identidad morisca a las comunidades indígenas con las que convivió.

05 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

El Paytiti: de la promesa de riqueza a la promesa de otro poder

El Paytiti era un reino imaginado en los territorios orientales andinos, asociado a riqueza y continuidad inca. Bohórquez afirmó conocerlo y utilizó esa historia para buscar apoyos. Páez, Raffino y Giovannetti estudian cómo el relato de ascendencia imperial y los contactos con indígenas y autoridades acompañaron sus desplazamientos hasta Chile y Tucumán. [6]

El mismo relato podía significar cosas diferentes para sus interlocutores: acceso a recursos para el poder colonial, recuperación de una autoridad propia para quienes lo resistían y promoción personal para quien ofrecía mediar. Esa ambivalencia ayuda a comprender su capacidad de convocatoria.

Leerlo desde las memorias de los vencidos no obliga a convertirlo en un héroe sin contradicciones. Su búsqueda de posición y riqueza convivió con un proyecto que llegó a amenazar el dominio español. La pregunta más fértil es cómo una ambición individual pudo encontrarse con aspiraciones colectivas que ya existían.

06 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

Valdivia y Tolombón: el conocimiento militar cambia de manos

El paso por el presidio de Valdivia dejó una experiencia material relevante. Ismael Sarmiento Ramírez refiere que Bohórquez aprendió de un soldado portugués a fabricar cañones de madera y puso esa técnica al servicio de las fortificaciones españolas durante el conflicto de 1655. Posteriormente la empleó entre los calchaquíes. [7]

En Tolombón se atribuye a su residencia una defensa con piezas de madera, revestidas de cuero y reforzadas. La historia no depende solamente de discursos, parentescos inventados o insignias: incluye armas, recursos, aprendizaje y capacidad de organización. Un saber adquirido dentro del dispositivo colonial podía utilizarse contra él.

Ese tránsito también impide dibujar dos bandos personales fijos desde el nacimiento. Bohórquez pasó por situaciones de servicio, castigo, negociación y rebelión. Las elecciones de una vida no se deducen mecánicamente de una ascendencia.

07 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

Los calchaquíes tenían sus propios proyectos

Bohórquez no llegó a un territorio políticamente vacío. Las comunidades calchaquíes acumulaban una larga resistencia a la intervención colonial. En su entrada intervinieron dirigentes locales: Pedro Pivanti, vinculado a los pacciocas, lo acompañó y facilitó su reconocimiento en el entorno de Tolombón. El estudio de Páez, Raffino y Giovannetti interpreta el recurso a la memoria inca como un lenguaje de legitimidad y restauración. [6]

Esta perspectiva devuelve iniciativa a los pueblos indígenas. Una alianza no exige que todos sus participantes compartan el mismo objetivo ni crean de la misma manera en quien la encabeza. Pueden buscar protección, recomponer relaciones, evitar servicios forzosos o sostener su autonomía.

La conexión con una memoria morisca debe respetar esas diferencias. No fueron «moriscos americanos» por haber seguido a un hombre al que un viajero llamó moro. Fueron actores indígenas con territorio, autoridades e historia propios. El encuentro entre experiencias de exclusión resulta más interesante cuando conserva la identidad de quienes participaron en él.

08 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

Pomán, 1657: la autoridad colonial reconoció al Inca

En agosto de 1657, las reuniones de Pomán dieron forma a una combinación extraordinaria: cargos coloniales y autorización para usar el título de Inca. Lorandi fecha el otorgamiento de los primeros el 8 de agosto y el reconocimiento del título el día 11. [4]

Las autoridades esperaban que su ascendiente sobre las comunidades produjera obediencia, evangelización y acceso a recursos. Ana Garay explica la posición de unos misioneros cuyos esfuerzos no habían logrado los resultados buscados: la mediación de Bohórquez podía parecerles útil. [8]

Por eso el episodio excede la anécdota del hombre que engañó a todos. Hubo decisiones de gobierno, expectativas compartidas e intereses concretos. El reconocimiento no convierte en auténtica su filiación inca; sí muestra que el poder colonial participó en la construcción de la autoridad que después combatió.

09 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

1658–1666: guerra, deportación y apropiación del trabajo

La alianza desembocó en ruptura. Christophe Giudicelli destaca la recomposición de acuerdos entre grupos del valle y la expulsión de los jesuitas en 1658. También insiste en que la confrontación tenía raíces anteriores a Bohórquez y continuó después de su retirada. [9]

Las campañas de 1659 y 1665–1666 impulsaron las llamadas desnaturalizaciones: desplazamientos forzosos fuera de los territorios de origen, dispersión y reparto de cautivos. Giudicelli relaciona esa política con la demanda de mano de obra. El traslado de familias quilmes hacia el Río de la Plata formó parte de una economía de guerra y trabajo forzado. [9]

El término administrativo puede ocultar la experiencia humana: perder la tierra y las redes que permitían sostener la vida. Aquí existe una comparación con la historia morisca —expulsión, dispersión y recomposición familiar—, no una identidad automática entre ambos procesos. La violencia tuvo instituciones, tiempos y destinatarios diferentes.

10 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

Lima, 1667: la ejecución no cerró la historia

Bohórquez se entregó en 1659 después de negociar un indulto, pero terminó preso en Lima. Fue ejecutado por garrote el 3 de enero de 1667. Su cabeza se expuso públicamente. La síntesis de Burdons Martínez relaciona la decisión final con el temor a nuevas rebeliones y señala la ausencia de evidencias conocidas de comunicación con los curacas implicados en la conjura limeña. [5]

Las crónicas no son neutrales al contar ese final. El índice de la obra de Pedro Lozano presenta su trayectoria mediante un vocabulario de engaño, traición y castigo merecido. Ese encuadre enseña tanto sobre el acusado como sobre el orden que el cronista quería justificar. [10]

La muerte del personaje no puede sustituir a la historia de las comunidades. Quedaron las consecuencias de la guerra, los desplazamientos, los vínculos familiares y la disputa por el significado de lo ocurrido.

11 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

Sus hijos: una pista familiar que merece seguirse

Lorandi recoge noticias de un hijo llamado Francisco Medina Bohórquez, relacionado con un intento de reactivar la resistencia calchaquí, y de otro hijo residente en Huamanga al que se encarceló para impedir el contacto con su padre. Los datos sobre estos episodios son escasos y sus fechas varían entre reconstrucciones. [4]

Estas referencias cambian la escala del relato: junto al individuo aparecen familiares americanos. Abren una investigación sobre filiación, desplazamiento y transmisión. No equivalen todavía a una cadena de descendencia hasta el presente.

Para continuar esa cadena harían falta partidas, testamentos, poderes, pleitos y enlaces matrimoniales que unan una generación con la siguiente. La coincidencia actual de un apellido no resuelve esa tarea: los apellidos se comparten entre familias diferentes y pueden cambiar por varias razones. Presentar las pistas concretas permite que otra persona las amplíe, en vez de recibir una genealogía cerrada por anticipado.

12 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

Más allá de Bohórquez: mujeres y hombres que se quedaron

La presencia morisca americana no depende de resolver la ascendencia de un solo personaje. Los expedientes reunidos por Cook muestran personas que ejercían oficios, defendían su reputación y negociaban su lugar en sociedades que podían perseguirlas por su origen o por sus prácticas. [2]

Beatriz de Salcedo ofrece otra trayectoria. Houda Berkani la estudia como una mujer morisca llegada esclavizada a los comienzos del Perú colonial que alcanzó una posición económica y familiar destacada en Lima. Su recorrido permite investigar la pertenencia a través de patrimonio, parentesco e integración social. [11]

Las vidas fueron distintas: la clandestinidad, la negociación, la asimilación, el ascenso social y la resistencia no son categorías que separen para siempre a todas las familias. Una investigación de la permanencia necesita seguir también a quienes dejaron de resultar visibles para el tribunal, no solamente a quienes acabaron procesados.

13 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

La desaparición de una etiqueta no borra a sus descendientes

La perspectiva de este archivo es que la historia morisca pertenece también a la historia familiar de las Américas. La formación de familias y su integración ofrecen una vía de continuidad: dejar de ser registrado como morisco no significa dejar de tener hijos, nietos o herederos. La mezcla no destruye el parentesco; lo incorpora a nuevas ramas.

Es razonable pensar que parte de esas descendencias alcance las sociedades actuales. Esa inferencia histórica general es distinta de identificar hoy a una familia concreta o de calcular cuántas personas descienden de aquellos emigrantes. La primera se apoya en los procesos de asentamiento; las otras requieren investigaciones genealógicas y demográficas específicas.

También hay que separar ascendencia, memoria e identidad religiosa. Una familia puede conservar parentescos y perder el recuerdo del origen; otra puede recuperar esa memoria mucho después. Tener ascendencia morisca no exige practicar hoy el islam ni conservar una cultura intacta. Esa amplitud permite reconocer pertenencias mestizadas sin imponer una identidad a nadie.

Bohórquez sirve como entrada a esa pregunta, no como antepasado atribuido a todos. Defender la pertenencia de los moriscos a esta historia significa abrir el archivo a sus trayectorias y descendencias, incluso cuando el nombre colectivo se fue apagando.

14 / EXPEDIENTE BOHÓRQUEZ

Cómo desafiar el relato de la desaparición

El estudio de Garay recuerda que la Relación histórica de Calchaquí, redactada por Torreblanca en 1696, es un manuscrito inconcluso, escrito desde una posición jesuita y atravesado por intereses de la misión. No basta con repetir sus adjetivos como si fueran la voz de todas las personas que vivieron los acontecimientos. [8]

La lectura propuesta aquí hace tres movimientos: recuperar el testimonio que atribuye un origen morisco a Bohórquez; devolver iniciativa a los pueblos indígenas; y colocar esa biografía junto a investigaciones sobre permanencia peninsular y asentamiento americano. La interpretación nace de ese cruce, no de convertir una palabra aislada en la explicación de una vida entera.

La propia investigación universitaria proporciona herramientas para discutir relatos de homogeneidad y desaparición. Leer a sus autores, comparar documentos y mostrar dónde continúan las preguntas hace posible una memoria más amplia y más difícil de borrar.

DOCUMENTOS / INVESTIGACIÓN / LECTURAS

Un archivo abierto al lector

Las referencias numeradas del texto llevan a esta bibliografía. Los enlaces permiten consultar los estudios y las ediciones disponibles; las fichas editoriales se identifican como tales.

  1. Enrique Soria Mesa. Los moriscos que se quedaron. La permanencia de la población de origen islámico en la España Moderna.

    Vínculos de Historia, 1 (2012), pp. 205–230. Permanencia y ocultación en el reino de Granada.

  2. Karoline P. Cook. Forbidden Passages: Muslims and Moriscos in Colonial Spanish America.

    University of Pennsylvania Press, 2016. Investigación sobre migración, religiosidad y vida social; ficha y contenido de la editorial.

  3. Acarete du Biscay. Relación de un viaje al Río de la Plata y de allí por tierra al Perú.

    Siglo XVII. Apartado del viaje a Perú: pasaje sobre «Bohoriers». Traducción de Francisco Fernández Wallace; edición digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

  4. Ana María Lorandi. De quimeras, rebeliones y utopías: la gesta del inca Pedro Bohorques.

    PUCP, 1997. Capítulos IV–VI: orígenes, Pomán y proceso limeño. Libro disponible en el repositorio de su editorial universitaria.

  5. Marta Burdons Martínez. Un inca andaluz: Pedro Bohórquez.

    Proyecto Encrucijada de mundos, Universidad de Sevilla. Síntesis biográfica con bibliografía especializada.

  6. María Cecilia Páez, Rodolfo A. Raffino y Marco Giovannetti. Avances coloniales, retornos mesiánicos. El documento Relación histórica de Calchaquí.

    Investigaciones y Ensayos, 59, pp. 437–468. Interpretación de las alianzas y del liderazgo; texto en CONICET.

  7. Ismael Sarmiento Ramírez. La artillería rudimentaria en la Guerra de Cuba.

    Militaria, 15 (2001), pp. 85–118; antecedentes de Valdivia y Calchaquí en pp. 89–90.

  8. Ana Garay. La Relación Histórica de Calchaquí de Hernando de Torreblanca y la escritura jesuita en la dinámica colonial.

    Americanía, 20 (2024), pp. 1–28. Contexto de producción y lectura del manuscrito jesuita.

  9. Christophe Giudicelli. Disciplinar el espacio, territorializar la obediencia.

    Chungara, 50/1 (2018). Políticas de reducción y desnaturalización de los diaguitas-calchaquíes.

  10. Pedro Lozano. Historia de la conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, tomo V.

    Edición de 1875, capítulos I–VII. Índice de la crónica y acceso al volumen en Portal Guaraní; lectura complementaria.

  11. Houda Berkani. Beatriz de Salcedo: microhistoria, género y legado morisco en los inicios del Virreinato del Perú.

    Chakiñan, 28, pp. 42–60; publicación electrónica en 2025, número de abril de 2026. Una trayectoria femenina de asentamiento e integración.

Edición de esta investigación: 23 de septiembre de 2026.